San Juan de la Peña y su Cáliz en los romances medievales europeos

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La influencia que el monasterio tuvo en la literatura medieval, siglos XI al XIII, al norte de los Pirineos, ha sido glosada por el escritor e investigador alemán Michael Hesemann (1964, Düsseldorf) quien defiende además la autenticidad del Cáliz que allí se veneraba.

Michael Hesemann estudió Historia y Antropología Cultural en la Universidad de Göttingen. Ha escrito sobre la reliquia de la Santa Cruz de Roma, sobre la tumba de Cristo y sobre el misterio de Fátima y ha dado conferencias en la Universidad de Letrán y en la Pontificia de Roma. Sus libros se han vendido por cientos de miles traducidos a muchas lenguas. Empezó investigando los “ovnis” y otros fenómenos extraños y se encontró con el Santo Grial. Su libro del 2003 sobre el tema se titula “El descubrimiento del Santo Grial. El final de una búsqueda” (“Die Entdeckung des heiligen Grals. Das Ende einer Suchung”), no conozco ninguna versión española del mismo.

En su conferencia del día 8 de Noviembre de 2008, en Valencia, Hesemann decía: “A diferencia de lo que muchos piensan, las leyendas griálicas no comenzaron con los relatos anglosajones del rey Arturo, sino en la arraigada tradición que dice que el cáliz de la Última Cena ya estaba en España en la Edad Media”.

Para ello se basa en los poemas de Chrétien de Troyes (1135-1190) “Perceval ou le conte du graal” y en el posterior y más completo “Parzival” de Wolfram von Eschenbach (1170-1220). Hesemann cree que el rey del Grial, el rey pescador, Anfortas en el romance, no es otro que Alfonso I de Aragón (1073-1134), Anforts en lengua occitana, y que el castillo Monsalvage o Monsalvat no es otro que el Monasterio de San Juan de la Peña. También identifica a Parzival (Parsifal) como el caballero francés “Routrou Perche de Val” que era familia del rey por parte de madre.

Para dar mi versión sobre el tema comenzaré por las leyendas del rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda a las que siguieron luego tantas otras. Los primeros textos en latín donde aparecen se titulan “Prophetiae Merlini”, “Historia Regum Britanniae” y “Vita Merlini”. Su autor fue Geoffrey of Monmouth , clérigo galés que llegó a ser obispo y vivió en la segunda mitad del s. XI y principios de s. XII. Como buen celta incorporó a sus escritos las leyendas propias de su folclore. Luego, en 1115, otro clérigo anglo-normando, Wace, tradujo al francés la obra de Monmouth. Así se cumplían los deseos auspiciados por Leonor de Aquitania y Enrique II Plantagenet que pretendían ser herederos del rey Arturo.

Parece ser que el tal rey Arturo (derivado del latín Artorius, “el que se asemeja al oro” según algunas etimologías) fue un modesto caudillo que vivió en el siglo VI d.C. en Cornualles en la época en que las legiones romanas ya se habían ido de Britannia y los britanos luchaban contra los invasores sajones. En los escritos de Godofredo de Monmouth aparecen, aparte de Arthur, la espada Excalibur, el mago Merlín, Uther Pendragon, Morgana, la reina Gueneviere (Ginebra), Lancelot y otros muchos personajes. Se cuenta también que el rey envía a varios de sus caballeros a buscar el Grial. Esta palabra: graal, gral o grail deriva, según algunos, de la voz celta “gar-el” (gar = piedra), según otros, deriva del latín “cratalis” o “gradalis” a su vez derivado del griego “cráter” o “crátera”, copa, recipiente para beber, tazón para mezclar. En las leyendas tiene poderes mágicos, especialmente el de suministrar milagrosamente alimento y fuerza espiritual.

Pero es otro poeta y clérigo francés, Chrétien de Troyes, quien entre 1160 y 1180 escribe en verso “Perceval o el cuento del Grial” (“Perceval ou le conte du Graal”). Sólo pudo completar 9.000 versos ir y fueron otros autores los que añadieron hasta los 54.000 que se conservan. Está considerado como el primer novelista de Francia y padre de la novela occidental. Está escrito en lengua “d”oil”, la que se hablaba en el norte y centro de Francia en la segunda mitad el s. XII . Está dedicado a Felipe de Alsacia conde de Flandes. Otras obras suyas son “Lancelot ou le chevalier de la charrette” e “Yvain ou le chevalier au Lion”. Resumiré el argumento: Perceval, que es huérfano de padre, es criado por su madre en un bosque lejos de la civilización y de la Caballería. Cuando el niño es ya un mozo decide irse a la corte del rey Arturo y allí lo toma bajo su protección Gurnemanz (Gornemant), un viejo caballero que le enseña las maneras cortesas y las virtudes caballerescas. Con su coraje y prestancia enamora a Blanchefort (Blanchefleur, Blancafor), su dama. Luego abandona la corte y después de varias aventuras, una tarde se encuentra en un paraje agreste con el Rey Pescheor (Pescador) que le recibe en su palacio. Allí es testigo de una extraña ceremonia: un criado pasea una lanza de resplandeciente blancura de cuya punta caen gotas de sangre, después sigue un cortejo con una joven angelical que porta un cáliz de oro puro adornado de piedras preciosas (el Grial) en medio de una gran claridad. Durante el banquete, Perceval no osa preguntar al Rey, que padece un mal incurable, el significado de todo aquello. Las buenas maneras que le ha enseñado Gurnemanz le impiden preguntárselo. Al día siguiente Perceval se despierta y encuentra el castillo vacío. Extrañado reemprende su camino decidido a encontrar otra vez el Grial. Encuentra una mujer (la típica bruja de las leyendas celtas) que le reprocha no haber preguntado al Rey por el Grial. Si lo hubiese hecho se hubiera curado de su mal y acabado la maldición que pesaba sobre sus tierras.

El romance habla luego de Gauvins (Gauvain, Gawain) el mejor caballero del Rey Arturo. Es el contraste entre la inocente manera de actuar de Perceval y la más astuta de este caballero. En la continuación sólo se habla un poco de Perceval para relatar cómo, después de cinco años de búsqueda, encuentra en una gruta a su tío que le dice que el Grial es el Cáliz de Cristo. Chrétien de Troyes no llegó a conducir otra vez al caballero Perceval al castillo del Grial, el poeta murió antes, fueron otros bardos los que continuaron la historia.

Antes de ver cómo se interpreta este romance en relación con San Juan de la Peña y el rey Alfonso I, quiero comentar la versión, en alemán antiguo, del “Parzival” (1) de Wolfram von Eschenbach escrito hacia 1215. Este caballero y poeta alemán, nacido en Baviera, que vivió entre 1170 y 1220, no sabía leer ni escribir pero tenía una gran inventiva y la fue dictando en verso. Compuso su obra en el castillo de Wartburg, el de los Maestros Cantores. En la literatura alemana su obra es algo así como el Cantar del Mío Cid en la literatura castellana, por eso ha sido tratada y analizada hasta la extenuación. Está escrita en alto alemán medio del s. XIII y existen versiones en alemán moderno como la editada por Karl Lachmann en 1833 en Berlín. En la traducción al español de los pasajes que luego citaré he intentado conservar la métrica.

El romance de Parzival consta de unos 25.000 versos distribuidos en 16 libros y sigue la misma trama del “Perceval” de Chrétien de Troyes. Aunque Wolfram dice que lo ha recogido de un enigmático Kyot de Provenza (Guiot de Provins) parece que sólo se trata de un recurso literario. Introduce nuevos personajes, así como nuevos nombres geográficos y capítulos, hasta llegar casi al final en que Parzival y su medio hermano Firefiz, al que conoce en medio de un combate, vuelven al castillo del Grial y esta vez sí que hace la pregunta correcta que curará al rey: ¿Qué os aflige, tío . Como el romance exige un final feliz, Firefiz se casa con la doncella que portaba el Grial y Parzival y su hijo Lohengrin, que será coronado rey, continúan al servicio del Cáliz.

En el libro V “Parzival en el castillo del Grial” se encuentran los versos que junto con los que cita Hesemann (2) confirmarían la tesis que sostenemos.

Parzival se encuentra con un pescador en el bosque (no sabe que es el rey Pescador) y le pregunta dónde puede cobijarse. Éste le responde: “Buen señor, dijo, entiendo que ni en el agua ni en la tierra se encuentra casa alguna en treinta millas, excepto una única cerca de aquí. Es ahí donde aconsejaría os quedaseis, ¿ qué otra podríais alcanzar hoy Donde a lo lejos acaba el acantilado y bruscamente a la derecha se curva.

El pescador: “Si encontráis el camino cuidaré hoy de Vos personalmente. Dad gracias para corresponder a la atención que halléis. Cuidado: algunos caminos por allá no tienen salida; Podéis cabalgar en falso enfrentándoos a sendas que terminan en pendiente”.

Si alguien preguntara por el Monasterio de San Juan, en el romance llamado Munsalwasche, (Monsalvage, Mons Salvatoris o Mon Salvat), en aquella época, seguro que la respuesta sería muy parecida. Vayamos ahora al punto en el que Parzival entra en el castillo: Entonces entró en la gran construcción / en un espacioso patio.

No había rastro de armas de batalla, / estaba cubierto de un corto césped verde, El combate (a caballo) con lanza estaba prohibido, / no (estaba) dominado por las banderolas / Como en los prados de Abenberg.

Naturalmente no se trataba de una fortaleza como el castillo de Abenberg, ¡estaba entrando en un monasterio de impresionante hechura! Luego aparece el rey, que no es otro que el pescador que le ha indicado el camino. Su nombre es Anfortas. Por descuidar sus sagradas obligaciones fue herido por la punta de la lanza y padece una herida que únicamente podrá ser curada si es preguntado sobre ello. Pero Parzival no le hace ninguna pregunta. Mantenido con vida por el Grial el rey sobrevive lleno de pena.

Para ver si el personaje Anfortas está inspirado en el rey Alfonso I de Aragón, conocido como el Batallador, repasemos brevemente su fascinante biografía. Nacido en 1073, en Poleñino, era el hijo mayor del segundo matrimonio del rey Sancho Ramírez con Felicia de Roucy, hija del conde Hildouin IV de Montdidier y de Alice de Roucy hija del conde Ebles I de Reims, todos señores feudales franceses.

Su juventud transcurrió en el monasterio de Siresa (en el valle de Hecho). Ayudó a su padre, el gran Sancho Ramírez, en la batalla de Alcoraz y la toma de Huesca. Muerto el sucesor de éste, el rey Pedro I, que era su hermanastro, sin dejar descendencia masculina viva, heredó sus dominios como rey de Aragón, Pamplona, Sobrarbe y Ribagorza. Tenía 30 años y estaba soltero. Como formidable guerrero extendió sus dominios hasta el Ebro y luego por el Jalón y el Jiloca. Especial para nuestra argumentación es la conquista de Zaragoza venciendo al rey Al Musta”in II. Para ello Alfonso consiguió que en el concilio de Toulouse de 1118 se ofreciesen beneficios como cruzados a los señores feudales francos y aquitanos que participasen en la conquista. Muchos se concentraron en Ayerbe y conquistaron Almudévar, Gurrea de Gállego y Zuera, llegando a las puertas de Zaragoza a la que sitiaron. El 18 de diciembre de 1118 se tomó la ciudad y después Alfonso I cedió el Palacio de la Aljafería a los monjes.

El rey casó a los 36 años, muy mayor para la época, con doña Urraca, hija única del rey Alfonso VI de Castilla, que era viuda con un hijo. Evidentemente fue un matrimonio político y en las capitulaciones matrimoniales se decía que en caso de muerte del rey Alfonso VI, el aragonés actuaría como rey de Castilla. Así sucedió en 1109. Esto supuso un enfrentamiento con su esposa que defendía el derecho de su hijo. Se dice que Alfonso llegó a maltratarla y a encerrarla. El caso es que intervino el Papa Pascual II y anuló el matrimonio alegando que eran primos en segundo grado. El rey, que acabó repudiando a Doña Urraca, siguió utilizando durante un tiempo el título de rey de Castilla (y de Toledo) e incluso de Emperador, dato interesante pues en el romance alemán se dice que Kiot de Provins supo del Grial en Toledo.

Cuando ya rozaba los sesenta años hizo el testamento más adecuado a sus creencias (Capítulo XXI de la Chronica de Sant Iohan de la Peña): “Ofrezco a Dios, a la Virgen María de Pamplona y a San Salvador de Leyre el castillo de Estella con toda su villa…” y así fue ofreciendo sus posesiones a Dios, a la Virgen y a los Santos, incluyendo el propio monasterio de San Juan …Y más adelante dice: “nombro como heredero y sucesor mío, al Sepulcro del Señor que está en Jerusalén…”. En la práctica suponía dejarlo a la orden del Temple y otras órdenes religiosas militares. El rey murió poco tiempo después, en 1134, a causa de las heridas recibidas en la batalla de Fraga. El testamento era casi imposible de cumplir por lo que se llegó a un acuerdo entre la Iglesia y los nobles y de esta manera Aragón pasó a manos de su hermano Ramiro II “el Monje” y Navarra a las de García Ramírez, hijo del infante D. Ramiro y María Rodríguez, una hija del Cid. El trono de Castilla que había vuelto a manos de la reina Doña Urraca, la primera reina de España, había sido heredado por Alfonso VII (Alfonso Raimúndez, hijo de su primer matrimonio).

¡Qué maravillosas cosas contarían los caballeros francos que habían estado de “cruzados” en España a la vuelta a sus feudos de origen! ¡Lo que darían que hablar sus hechos en el resto de la Cristiandad! Algunos “cruzados”, peregrinos o viajeros incluso se habrían topado a su regreso con el escondido monasterio, su Cáliz y la orden que lo custodiaba. Probablemente la leyenda del Cáliz había traspasado ya siglos antes los Pirineos relatada por los viajeros, a los bretones, normandos y anglos, probablemente en vida de Íñigo Arista (Eneko Aritza, 781-852), primer rey de Pamplona. Fueron sin embargo G. de Montmouth, casi 200 años después y luego Wace, Ch. de Troyes y W. von Eschenbach los que la pusieron por escrito en sus obras.

Lo insólito de la figura del rey Alfonso y su testamento debió de ser “el tema del año” de su época. Los Minnesänger alemanes de Wartburg y los juglares coetáneos de Chrétien de Troyes, debieron de encontrar en todo ello un magnífico filón para sus trovas. Repetida de corte en corte primero, de libro en libro después, la leyenda del Grial, su castillo, y el rey Pescador se perpetuó hasta llegar a nuestros escépticos días.

Este año 2009 se cumple el 875 aniversario de la muerte de Alfonso I de Aragón. Pienso rendirle mi particular homenaje en el monasterio pinatense. No se trata sólo de conservar nuestras tradiciones, paisajes y monumentos, se trata también de conocer y divulgar nuestra historia.

NOTAS:

(1) Sus primeros versos son ya prometedores: “Vive el corazón con la duda/ que será infernal para el alma/ eso es feo y es hermoso/ pues el sentimiento del hombre está/ mezclado de valor, en contraste de colores,/ manchado como en la urraca./ Y sin embargo puede ser salvado/ ya que tiene parte de ambos/ del Cielo y del Infierno”

(2) Hesemman interpreta pasajes de esos dos romances que se identifican con la geografía del monasterio. Citaré como ejemplos los que dicen: “por encima del castillo del Grial se encuentra un lago” ( en Parzival)”… “Por debajo de la garganta un río con rápidos, en los cuales acostumbra a pescar el rey Pescador” (en Perceval). Efectivamente por encima de San Juan de la Peña se encontraba un lago (hoy seco) que era rico en pesca. El terreno por debajo del monasterio vierte sus aguas al río Aragón, donde aún hoy se puede pescar.

Por Francisco Pedro CASTAÑO, Alto Aragón

One thought on “San Juan de la Peña y su Cáliz en los romances medievales europeos

    francisco pedro castaño said:
    June 10, 2009 at 9:13 pm

    I am realy surprised !. My literary investigations about de Holy Grail published in a local newspaper of Huesca (Spain) in the Pyrinees, are around the world in the Templars blogs. Perhaps is also intersting the first part of the article published also in “Diario del Alto Aragon” with the title “El Santo Grial en tierra oscenses (De Roma a San Juna de la Peña)” november, 25, 2008.
    In the newspaper of january, 4, 2009 you can find also a sinopsys of my novel “Los Guerreros de Imam” (The Imam’s Warriors) a historical-fiction about modern Christian and Muslim warriors. “Pax vobiscum”. The author.

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