Soria primaveral

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Visitar las Edades del Hombre es un buen motivo para acercarse hasta Soria y dejarse envolver por ella. Su encanto ha convertido a la ciudad en musa de inspiración para poetas como Gustavo Adolfo Bécquer o Gerardo Diego. Pero si hay que destacar un literario enamorado de sus calles, de su gente, de sus paisajes… ese fue Antonio Machado. Afincado en Soria por motivos de trabajo, una breve estancia en el comienzo le bastó para caer rendido a los encantos de la ciudad.

«¡Primavera soriana, primavera humilde, como el sueño de un bendito, de un pobre caminante que durmiera de cansancio en un páramo infinito! ¡Campillo amarillento, como tosco sayal de campesina, pradera de velludo polvoriento donde pace la escuálida merina!».

En esta ciudad silenciosa y reposada, dos grandes zonas verdes invitan a dar plácidos paseos. En pleno centro urbano, La Dehesa aúna una heterogénea flora en la que se pueden observar sauces, acacias, olmos y pinos, además de una rosaleda que resplandece con el verano. A lo lejos, la loma de El Castillo, nombre adquirido por la fortaleza que dominaba la cresta y de la que hoy sólo podemos apreciar ruinas.

Soria conserva un importante legado románico en su entramado de calles medievales. La iglesia de San Juan de Rabaneda es una de las paradas obligadas si visita la ciudad. Esta iglesia románica de finales del siglo XII exhibe planta de cruz latina de una sola nave.

Otro de los lugares de interés es la iglesia de Santo Domingo, declarada Monumento Histórico Artístico. Se trata de un templo católico que data del siglo XII, aunque con reformas de épocas posteriores. Esta iglesia comprende tres partes bien diferenciadas que se corresponden con otras tantas épocas y hechuras.

San Juan de Duero, conocido como Arcos de San Juan de Duero, forma un conjunto de arquitectura románica castellana situado a las afueras de la ciudad. Lo que hoy se ve, la iglesia y el claustro, no son sino los restos de un monasterio de la Orden militar de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén o caballeros sanjuanistas levantado en la primera mitad del siglo XII a orillas del río Duero y que se mantuvo habitado hasta el siglo XVIII.

En una orilla del Duero, entre huertas, aparece el antiguo monasterio de San Polo cuya construcción tradicionalmente se atribuye a la Orden del Temple, muy presente en tierras sorianas y datado a comienzo del siglo XIII. Constituye junto con los hospitalarios de San Juan de Duero las dos órdenes militares que defendían el acceso principal a la ciudad, a la que hay que añadir la antigua iglesia de San Salvador de la misma ciudad que perteneció a la Orden de Calatrava.

Las ruinas de la iglesia de San Nicolás, que durante varios siglos fue una de las iglesias románicas más emblemáticas de Soria y la ermita de San Saturio, considerada popularmente uno de los parajes más bellos que posee la ciudad, son otros de los lugares que no puede perderse.

in Nortecastilla.es