El solar del Temple

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El Real y Sacro Convento de Nuestra Señora de Montesa y Santa María del Temple que hoy contemplamos, construido en el siglo XVIII sobre las primitivas Casas de Montesa, no debe ser entendido sin valorar la importante cualificación estratégica del lugar sobre el que se asienta.

La cartografía histórica de la ciudad de Valencia y especialmente los dos planos dibujados e impresos del Padre Tosca del año 1704, y por tanto anteriores a la erección del Templo, evidencian la singularidad de su emplazamiento, punto de encuentro de la muralla árabe y cristiana con el río Turia.

Pero hoy, el Turia es una huella en la trama urbana y en su memoria gráfica todavía se refleja el antiguo portal de Bab-el-Sachar, del Cid y del Temple, guarnecido por la torre de Albuphat Muley (Alí Bufat) que Tosca dibujaba en su célebre plano.

Testimonio de importantes dispositivos defensivos, nos recuerda el papel de la ciudad como instrumento militar y el protagonismo de las murallas como caracterizadoras de las estructuras urbanas. Con tres posibles recintos murados -romano, musulmán y cristiano- que confluyen en el sitio del Temple, la huella castrense evidencia su papel en el sistema urbano y social medieval y en los mecanismos de producción y reproducción del patriciado, en la organización, en las finanzas y haciendas locales, en las milicias urbanas, etc.

¿Desde cuándo el solar sobre el que se levanta el Palacio del Temple forma parte del perímetro urbano de la ciudad de Valencia? Los historiadores que se han ocupado del asunto no tienen un criterio único al respecto; mientras que unos guardan silencio sobre el particular, otros en cambio aventuran un momento concreto. En efecto, una serie de investigadores indican que el solar en el que se levantara el Palacio del Temple formaba parte del perímetro urbano de la Valencia romana; que la torre de la muralla -denominada por la documentación medieval Torre Grossa o Torre del Temple- ya existía en época anterior y que había sido edificada por los romanos.

Esteve va más allá y además de afirmar que en el solar había una torre cuadrada construida en la época en que Valencia era romana, además de todo esto, añade que se conservó una pared de dicha torre, pared que se aprovechó al edificar la nueva iglesia en el siglo XVIII. Se trata de la fachada lateral del templo actual, la recayente a la plaza del Poeta Teodoro Llorente.

La Orden del Temple recibió la Torre Grossa con una prolongada sección de muralla y barbacana, además de un sector de la ciudad en la parroquia de San Esteban, concretamente cincuenta casas. Según Burns, antes de 1246 se organizó una comunidad templaria en la ciudad, que fijó su residencia en la Torre Grossa ya que Jaime I la concedía “per vestram staticam sive domun”, esto es, para su residencia.

En este lugar los templarios construyen una pequeña iglesia, que se estaba edificando en 1258 cuando Pere de Barberá les legó una manda testamentaria de veinte sueldos para la obra del templo.

Igualmente, se puede observar cómo en varios testamentos de la segunda mitad del siglo XIII se conceden mandas para la construcción de dos Puentes; el primero era el de Serranos, el segundo el del Real o del Temple. Este último arrancaba por su derecha en el portal del Temple e iba a parar al Palacio del Real. Al igual que el de Serranos fue destruido en la riada del año 1517 y vuelto a construir al año siguiente; de nuevo lo derrumba una avenida del Turia en 1589. A raíz de esta última destrucción se mudará su ubicación situándolo entre el Temple y la actual plaza de Tetuán.

Por ello, contemplando tanto la magnífica información del plano de Tosca (1704), como la hermosa visión que Alfred Guesdon fotografía, desde un globo hace ciento cincuenta años (1858) cuando la ciudad conservaba íntegramente su recinto murado, conviene reivindicar una vez más la arquitectura y su cartografía como memoria histórica de la ciudad.

por Javier Dominguez Rodrigo in Lasprovincias.es