Historia y sobria elegancia en la Costera: Montesa

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Afortunadamente, cada vez atrae más el turismo de los pueblos del interior. Buena señal que además de tostarnos al sol de la playa, sepamos ir al encuentro de la historia y el patrimonio a menudo tan cercanos como desconocidos.
Ocurre con frecuencia que pueblos con muchas posibilidades turísticas están inmersos en un prolongado letargo, sin posibilidad de explotarlas, hasta que aparece la persona que se entusiasma y trabaja por darlos a conocer. Dicha labor exige constancia, ilusión y cierta habilidad para conseguir ayudas oficiales sin las cuales en ocasiones no sería posible atender a su restauración.

Podemos decir que Montesa hace años que encontró el elemento impulsor en la persona del rector Juan Bautista Albelda Oltra. Un hombre identificado con su parroquia, maestro nacional, que ha puesto en relieve, los numerosos aspectos de un patrimonio cultural y espiritual que rezuma tradición y belleza.
En 1289 Alfonso I, hijo del fundador del Reino, otorga a esta población carta puebla y la constituye además en Villa, repoblándola con cristianos viejos, lo que comportaba la capitalidad sobre las alquerías musulmanas de su entorno. Alpont, Chulilla, Torres Torres, Planes, fueron entre otras antiguas villas. El devenir histórico de la población que nos ocupa está estrechamente unido a la orden militar de Montesa, ya que al disolverse la orden del Temple, Jaime II eligió este lugar como sede de la nueva fundación, que quedó vinculada al pueblo hasta el final del régimen señorial de 1835. Fue una solución para que los templarios muy queridos por la dinastía catalana-aragonesa (educaron a don Jaime al quedar huérfano), pudieran continuarán con distintas reglas y hábitos.

El Castillo es sin duda el elemento patrimonial más importante de Montesa. Mitad fortaleza y mitad monasterio. Debido al terremoto de marzo de 1748, se hundió totalmente. Hoy, después de diversos trabajos, podemos reconocer los cimientos de los claustros, el aula capitular, las cisternas, los establos y poco más. Como consecuencia inmediata de este desastre, Carlos III levantó en Valencia el magnífico palacio del Temple, hoy sede de la Delegación del Gobierno. No en vano, hacía tiempo que la monarquía se había hecho con la administración económica de las órdenes militares.

Como apuntábamos antes, el párroco Juan Bautista Albelda posee una destacada sensibilidad por el patrimonio que le ha llevado a poner en valor la belleza del templo, crear el museo y formar personas comprometidas con esta labor, como Josep Cerdá Ballester. También es de destacar su habilidad para captar estudiosos inquietos como Víctor Marco Garcia, Vicent Ros, Vicent Guerola, Vidal Talens y otros que han colaborado en diversas publicaciones que han difundido los valores patrimoniales de la población.

La iglesia está dedicada a la Asunción. Y uno se queda sorprendido tanto por la belleza del conjunto arquitectónico como por las últimas y afortunadas restauraciones. Es un edificio típico del barroco valenciano, obra del insigne arquitecto mosén Joan Blas Aparicio. Destaca el antiguo órgano de Martín de Usarralde, de nuevo hoy en funcionamiento. Entre las muchas pinturas distribuidas en el templo mencionaremos un Calvario del maestro de Borbotó, el retablo de San Sebastián de Gaspar Requena, el de las Almas. La imagen de la Mare de Déu de Montesa, labrada en sustitución de la antigua, perdida en 1936, preside la iglesia y es la gran devoción del pueblo.

Una repristinación verdaderamente notable es la del transagrario, que conserva el revoco original churrigueresco, eliminado de la nave en el siglo XIX. Allí se encuentran algunas piezas muy interesantes, entre ellas el relicario de la Santa Espina, del siglo XVIII, y algunos cálices buenos. No hay que olvidar que una tipología eucarística tan genuinamente valenciana como el transagrario ha degenerado después de la guerra civil en cuarto de trastos cuando no ha sido eliminada para hacer una exagerada hornacina al titular del templo.

El museo parroquial es otra realización a tener en cuenta, allí se han reunido cuadros, elementos arquitectónicos y trozos de tallas y esculturas que yacían dispersos y en peligro de pérdida por multitud de sitios.

La casa abadía es un edificio severo y sencillo por su impecable restauración. También lo es la casa de la villa, y otras ermitas que completan el panorama de esta legendaria villa que no hay que dejar de visitar.

Por FRANCISCO GIL GANDIA, Canónigo de la catedral, in levante-emv

One thought on “Historia y sobria elegancia en la Costera: Montesa

    Rodolfo Aragon said:
    April 13, 2009 at 3:45 am

    Disculpe Jovencito, pero parece que anda un poco confundido respecto a nombres y fechas. A menos que no se refiera a los personajes a donde ha volado mi imajinacion: Alfonso I Ramirez, El Emperador Batallador (aunque le duela a los Castellanos, ya que fue Rey de Castilla) I y V de Aragon y Pamplona (El nombre Navarra no existia en esa fecha) fallecio en 1134. Y la Orden Militar de Montesa fue fundada en 1317 el 10 de Junio por Don Jaime II, Rey de la Corona de Aragon. Dicha villa, villorio, pueblo o ciudad fue conquistada por el Rey Don Jaime I El Conquistador, que tambien con todo derecho debio de ser llamado Emperador ya que era Rey de mas de 3 Reinos, Aragon, Valencia, Mallorca, Zaragoza, Provenza etc.

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