Lanzarote, Una Isla Mágica

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Con un nombre que evoca los mitos artúricos, un pasado que la sitúa en las rutas de fenicios, romanos y tal vez también de los templarios y un telurismo que se deja sentir en cada rincón, no resulta extraño que la geografía lanzaroteña esté marcada por el misterio. OVNIs, casas encantadas y enigmáticos vestigios arqueológicos jalonan las rutas insólitas de la isla de los volcanes.

Cualquier descripción que podamos hacer de la isla de Lanzarote y de su particular «espíritu del lugar» se quedaría sin duda corta. Es un enclave que hay que sentir para poder siquiera intuir su auténtica dimensión. El visitante descubrirá pronto que el elemento dominante es el fuego, expresado en su seductor telurismo, en el paisaje volcánico bajo cuyas oscuras lavas late el corazón de la tierra. La «Isla de los Volcanes» ofrece un juego de contrastes que han servido para que la isla sea, desde 1993, Reserva Mundial de la Biosfera por la Unesco.

Lanzarote nos ofrece maravillas como el Parque Nacional de Timanfaya. Bajo su sinuoso paisaje de lavas oscuras es posible percibir una fuerza telúrica única, erigiéndose en un lugar ideal para conectar con la Madre Tierra y sus energías. La mano de César Manrique se deja sentir por numerosos rincones de la isla, aunque cobra una dimensión casi mística en los Jameos del Agua, punto de visita obligada para todo turista, y enclavado en el municipio de Haría, al norte de la isla. Más allá de su proyección turística, los Jameos son un rincón para la meditación y la relajación, emergiendo como un oasis en el tubo volcánico subterráneo de unos 4.000 años de antigüedad y seis kilómetros de longitud del que forma parte junto a la conocida como Cueva de los Verdes. Jameo es un término de supuesta procedencia aborigen que describe la formación natural resultante del desplome de parte del techo de una cueva volcánica, que en otras regiones se conoce como torca. La naturaleza quiso también que el agua del mar llegara formando varios lagos cuyo nivel sube y baja dependiendo de las mareas, configurando un entorno realmente mágico, un mundo aparte que inteligentemente es potenciado con la ayuda de la apropiada música con la que suele ser recibido el visitante.

Las ruinas de atlantes de Pechiguera
Las costas de Lanzarote comparten con las de Fuerteventura, La Graciosa y los islotes y peñascos cercanos pertenecientes al denominado Archipiélago Chinijo, la sugerente posibilidad de acoger restos submarinos de supuestas estructuras artificiales. Éstas habrían sido edificadas –según las propuestas más atrevidas– hace miles de años e irremediablemente vinculadas a la hipotética Atlántida. La zona de la Punta de La Pechiguera, separada de Fuerteventura por un brazo de mar y en cuyas inmediaciones se alza la emblemática Montaña Roja, es la más interesante en este sentido.

En 1981 un equipo de la televisión pública italiana RAI filmó los fondos marinos de esta zona y con ellos las formaciones de apariencia artificial que se ocultan bajo su superficie, tras serle comunicada su existencia por parte de submarinistas de la revista Mondo Sommerso. Las imágenes, que mostraban plataformas aterrazadas, escalones, pequeños muros y pasillos que aparentaban estar pavimentados, eran tan espectaculares que en su momento despertaron la suficiente expectación como para que se organizara una expedición española a la zona. Sin demasiadas pistas, finalmente el equipo de geólogos, biólogos marinos y periodistas localizó el lugar exacto tomando sus propias filmaciones, que pasarían a emitirse en TVE de la mano del documentalista Luis Pancorbo. Gracias al biólogo y especialista en fotografía submarina Prudencio Naranjo, integrante del equipo español, pudimos acceder a tales documentos y constatar –como suele ser la norma en estos casos– que el dictamen oficial sobre la naturaleza de aquellas supuestas estructuras era que se trataba de formaciones naturales. Una respuesta lógica y al mismo tiempo automática que se aplica a muchas de estas formaciones submarinas, pero que en este caso pasa por alto un detalle crucial: que la ubicación de esas formaciones coincide con una zona que hace unos ocho mil años se encontraba sobre la superficie. De acuerdo con los estudios geológicos de las costas canarias y sus fondos marinos, expertos como el paleontólogo Francisco García Talavera han demostrado que, antes del último deshielo, las islas de Lanzarote y Fuerteventura, junto a los islotes ubicados en sus proximidades, formaban un único territorio de 200 Kms de longitud, una masa de tierra uniforme que además extendía sus costas decenas e incluso centenares de metros en algunos puntos más allá de donde hoy se ubican. Las cercanas costas africanas y las peninsulares también eran sensiblemente diferentes a las actuales; de hecho, frente a los 95 Kms actuales en la última glaciación eran apenas 60 los kilómetros que separaban la costa canaria de la del continente africano.

En el terreno de las especulaciones, es plausible pensar en alguna cultura asentada en ese territorio insular, que se habría visto obligada a emigrar ante la subida del nivel de las aguas, lo que casaría en parte con la idea que tenemos de la Atlántida. Sin embargo, los prehistoriadores canarios, que no quieren oír hablar de continentes sumergidos y culturas ancestrales, difícilmente retrotraen el poblamiento de las Islas Canarias más allá de los 2.500 años, lo que hace muy difícil conciliar las propuestas, aunque no quiera decir en absoluto que el asunto pueda darse por zanjado. Las estructuras de La Pechiguera constituyen a nuestro juicio un capítulo no resuelto por el momento, en especial teniendo en cuenta otros indicios de similar factura que se encuentran en diferentes puntos de las islas.

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Luces populares y lugares encantados
Un cambio de timón nos sitúa en nuestro recorrido por los misterios de Lanzarote en otro escenario muy diferente, el de la casuística insólita y el folklore mágico que impregna la isla. Una de las tradiciones de mayor impacto se localiza en el municipio de Yaiza, concretamente en torno a la que todavía es conocida por los mayores como la Playa de la Cruz, cerca del Castillo de las Coloradas. Desde allí y con Montaña Roja nuevamente como referente, se observaba hasta hace escasas décadas las evoluciones de un misterioso hacho encendido, una pequeña bola de luz que, tras aparecer súbitamente en el mar, se metía tierra adentro trazando un amplio recorrido, hasta volver de nuevo a las profundidades. Como sucede en el caso de la conocida Luz de Mafasca, en Fuerteventura, y a poco que prestemos un poco de atención al topónimo «Playa de la Cruz», el origen que los lugareños han atribuido a la misteriosa luminaria no es otro que el de la manifestación del alma en pena de un marinero que hizo leña con la madera de una cruz, condenándose por tal acto.

La presencia de estas luminarias no es exclusiva de este enclave lanzaroteño, aunque bien es cierto que la mayor parte de la casuística se concentra en esta parte de la isla, alcanzando hasta tierra adentro zonas como el de Las Breñas e incluso Montaña Roja y el Faro de La Pechiguera. Otros ejemplos de esa tradición mágica los encontramos a poca distancia, en una zona conocida como La Mulata, donde existe una cueva conocida por el mismo nombre –Cueva de la Mulata– considerada durante siglos como un lugar encantado, un enclave de magia del que «salían miedos», y donde muchos aseguraban ver siluetas de hombres que inmediatamente se desvanecían, una descripción similar a la ofrecidas por los aborígenes en las crónicas antiguas al referirse a los seres encantados que reverenciaban y vinculaban con los antepasados y el Dios Sol.

La observación de luces populares y más modernamente de OVNIs es, al igual que en el resto del archipiélago relativamente frecuente, y en las tradiciones populares no han faltado reseñas a brujas, duendes e incluso sirenas habitando riscos y salientes en la costa, relacionadas posiblemente con la antaño frecuente observación de focas monje y otros mamíferos marinos emparentados. Fue frecuente para la Isla de Lobos, y también para La Graciosa, isla ésta donde además también rondaba la tradición de una misteriosa luz, pero en esta ocasión vinculada con un supuesto tesoro escondido por marineros que se veían acosados por corsarios y que finalmente quedó enterrado y perdido en la Playa de las Conchas. No obstante, es en el bello municipio de Teguise, villa histórica y primera capital de la isla, donde lo misterioso parece cebarse con mayor interés. Y es que desde el siglo XVI se viene dando cuenta también en este municipio de la observación de luces populares, que recorrían el espacio comprendido entre las montañas de Tahiche y Maneje, a veces hasta en grupos de tres, como da cuenta un testimonio recogido por el tribunal de la Santa Inquisición nada menos que en el año 1581 y que, como es lógico, en el contexto de la época fue asociado al vuelo de las brujas.

El potencial arqueológico del municipio es de los más valiosos de la isla, con el Palacio de Zonzamas como expresión más llamativa, al registrarse elementos arqueoastronómicos significativos, y en sus empedradas calles no es extraño encontrar todo tipo de relatos mágicos que contribuyen a comprender la supervivencia hoy en día de celebraciones tan singulares como sus peculiares carnavales, conocidos como «los Diabletes de Teguise». Con ocasión de las carnestolendas, algunos vecinos se visten estrafalariamente con pantalón y chaqueta blancos decorados con rombos rojos y negros, aunque a veces su vestimenta presenta tan sólo líneas y puntos de dichos colores. Se atavían con unas llamativas máscaras que de la forma de macho cabrio evolucionaron a la caricatura de una cabeza de toro, de las que sobresalen unas largas lenguas, destacados dientes y ojos exageradamente dibujados. Durante su recorrido por las empedradas calles teñidas de historia, los lugareños evocan tal vez sin saberlo ancestrales ceremonias que buscaban alejar el mal y propiciar la abundancia, rememorando un tiempo en el que lo invisible y lo visible convivían de manera cotidiana en tierras lanzaroteñas.

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Montaña roja, baliza de ovnis
A finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, el periodista J. J. Benítez logró que Lanzarote fuese conocida a nivel nacional e internacional por los avistamientos de OVNIs que tenían lugar en la isla. Fueron unos años en los que a través de sus libros o de sus reportajes en La Gaceta del Norte, se describían observaciones protagonizadas por policías, pilotos, técnicos, pescadores y lugareños, casos que siempre desconcertaban y que en alguna ocasión incluyeron la observación de humanoides. Uno de los puntos «calientes» era Montaña Roja, un volcán ubicado cerca de La Pechiguera en torno al que hoy se levantan urbanizaciones que casi permiten acceder a la cima sin esfuerzo. Hace treinta años el panorama era muy diferente y el periodista navarro, animado por las observaciones de luces extrañas en el interior del cráter comunicadas por pilotos, se animó a pasar varias jornadas en solitario en el lugar. Aunque sus experiencias narradas en Encuentros en Montaña Roja parecen tener un alto contenido subjetivo, también es cierto que en la citada obra incluyó documentos fotográficos que reforzarían la afirmación de que los OVNIs, por razones desconocidas, frecuentaban la emblemática montaña.

El espectro de Severino Bethencort
La más célebre de las casas encantadas de Lanzarote nos remite nuevamente a Teguise, al que fuese el hogar de Severino Bethencourt, hijo ilustre de la villa y alcalde de la misma. Cuenta la leyenda que al fallecer pidió a sus hijos que no vendiesen la casa, «porque él se iba a quedar incluso después de muerto». Al fallecer ignoraron la petición y tal contrariedad sería el motivo de que hoy esté encantada, concentrando fenómenos anómalos que ha hecho imposible la convivencia para la mayoría de de sus inquilinos. Los españoles, ingleses y alemanes que han comprado la casa coinciden en su testimonio: en la bodega de la planta baja se aparece un hombre vestido de negro y con sombrero. Además del espectro y del movimiento de puertas y ventanas, con frecuencia se escuchan pasos y ruido de útiles en la bodega, el lugar preferido del alcalde. Los lugareños narran la experiencia de una enfermera que se mudó a la casa junto a sus dos hijos. Una noche, mientras los pequeños estaban en la habitación escuchó risas, interrogándoles por el motivo de tanta diversión. Para su asombro, los niños le contaron como un «señor de negro y con sombrero estaba sentado en la cama, haciéndoles bromas». Despavorida, terminó poniendo en venta la casa.

No parece casual que la vivienda esté precisamente en la Calle El Duende, aunque es difícil determinar si este nombre es anterior o no a los fenómenos. Tampoco parece casual que la vivienda esté en una parte del pueblo ubicada en el cauce natural al que iban a parar los restos del cementerio cuando llovía de forma torrencial. A pocos metros de distancia, otro inmueble acumula posee fama de encantado, la Casa de «Las Inquisidoras», la sede de la Inquisición que tras ser restaurada se conocida como Palacio Espínola.

Por José Gregorio González

2 thoughts on “Lanzarote, Una Isla Mágica

    Amanda said:
    May 6, 2008 at 2:44 pm

    Enhorabuena.Una pagina muy interesante. Gracias

    nicolas said:
    March 12, 2009 at 10:07 am

    Felicidades al autor por tan documentado articulo

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