Entrevista a Jorge Molist

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Tras el éxito de “El anillo”, “la herencia del último templario” (Martínez Roca) con más de 200.000 ejemplares vendidos en España, y traducido a veinte idiomas, Jorge Molist obtiene el Premio Alfonso X el Sabio 2007 con una novela histórica ágil en la que encontramos herejías, trovadores, griales, cábalas y otros misterios medievales…

¿Cómo surgió La reina oculta?

Para mi el libro es un elemento mágico. Hay obras que buscamos y hay otras que nos encuentran. Hay relatos que inventamos y otros que de alguna forma existían antes de ser escritos: nos seducen y hacen del escritor un mero instrumento para darles vida.

Siento que eso me ocurrió con La reina oculta. Todo empezó en París callejeando por el barrio latino. Entré en una librería y de repente me encontré con un libro titulado La chanson de la croisade albigeoise –Cantar de la cruzada contra los albigenses–. La obra es una narración de los trágicos sucesos que tuvieron lugar durante la cruzada de 1209, escrita en lengua occitana original –junto a su traducción al francés– por el clérigo navarro Guillermo de Tudela, quien fue testigo presencial de los hechos.

Estaba yo ocupado en otras cosas en ese tiempo y después de leerlo lo puse a dormir en un estante. Pero el libro se resistía al sueño haciéndome sucumbir a su llamada, fascinado por aquella historia. El relato me emocionaba. De vez en cuando, recitaba en voz alta los versos en occitano del cantar, aún sin entenderlos del todo, sólo por oír la voz del tiempo, que viajaba ochocientos años para llegar hasta mí.

Un par de años después, sobre el año 2000 ó 2001 estaba en la feria de los libreros de Girona cuando otro libro me sedujo de la misma forma: Cátars i trobadors –Cátaros y trovadores–. Se trata de reproducciones históricas en dibujos, con texto de tres autores, realizadas por Francesc Riart. En ellos aparecen los mismos protagonistas del cantar, escenas de las batallas, de las ciudades, etc.

Así que, por un lado tenía la historia y por otro, las imágenes. A partir de ahí se fue cociendo la trama y los personajes de La reina oculta, aunque en realidad ya existían ocho siglos antes de que yo empezara a escribir.

Hay libros brujos, historias con magia; y yo quiero creer que este relato estaba esperando a quien lo escribiera y que yo fui el afortunado.

Pero tras la novela hay un intenso trabajo de documentación…

Sí, claro. A la magia hay que ponerle trabajo: he recorrido un par de veces los escenarios donde acontecen los hechos y han sido casi cincuenta los libros que me han ayudado a una reconstrucción meticulosa y fiel de la época, para poder montar sobre ese entramado de guerras y pasiones una historia que mezcla los contenidos estrictamente históricos con la ficción. Ha sido un trabajo bastante intenso. Además, el hecho de que el jurado del Premio Alfonso X el Sabio de novela histórica haya concedido a La reina oculta el primer premio me llena de satisfacción y me hace confiar en que el libro gustará a los lectores.

Un personaje real y fundamental para la trama histórica de la novela es el papa Inocencio III…

Doscientos años antes de que éste accediera al trono, el poder que poseía el emperador alemán era enorme: ponía y quitaba papas. Con el tiempo, el representante de la Iglesia quiso convertirse también en un señor feudal y tener poder político para, entre otras cosas, no padecer las influencias germanas. De alguna manera era “la nobleza romana”. Era una cuestión de seguridad propia, tenía sus tierras, sus ejércitos y sus aliados.

Inocencio III, además de ser noble, venía de una saga de papas. Su tío, el papa Clemente III, fue quien le instruyó sobre todas las intrigas y entresijos para acceder a la silla de San Pedro, poder gobernar y restaurar la autoridad papal en Roma. Incluso llegó a proclamar una bula papal donde afirmaba que “él estaba por debajo de Dios, pero por encima de cualquier otro hombre”, síntesis de su doctrina teocrática que le llevaría a intentar imponerse como emperador de Europa.

Durante su mandato proclamó dos nuevas cruzadas: la Cuarta, que terminó por dirigirse a Constantinopla, y la otra, conocida también como Albigense, destinada a acabar con las herejías, sobre todo la cátara en Occitania, que amenazaba la doctrina única del papado. Fue la primera cruzada contra cristianos y católicos.

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¿Su obsesión era erradicar las herejías o existían otras pretensiones?

En Occitania y también en el norte de España se estaba viviendo un renacimiento antes del Renacimiento. Era un momento en el que apareció el concepto del amor romántico y las figuras de las grandes damas del amor cortés. Se ritualizaron una serie de comportamientos, entre ellos el cortejo y el arte de los trovadores, y apareció una sociedad muy tolerante y liberal, algo que resultaba tremendamente popular, incluso en temas de creencias religiosas, con abiertos debates teológicos en los mismos castillos de los grandes nobles entre cátaros, católicos e incluso judíos.

Todo ello suponía un grave desafío para los deseos de expansión del Papa. Inocencio III ansiaba el poder espiritual y el poder político, y en Occitania se le estaban resistiendo ambas cosas. Su pretensión no era tanto perseguir a los herejes como eliminar ese tipo de sociedad y a los nobles poderosos que no le obedecían.

Es más, yo creo que la cruzada fue contra la tolerancia que había en ese momento y no contra la herejía religiosa.

¿Cuál es la parte esotérica, oculta en la obra?

En ese aspecto podríamos calificar a la misma de itinerante, porque junto al camino de la cruzada, visita los grandes paradigmas de la época: el amor cortés con sus diferentes artes y estrategias; las diferentes “herejías”, entre las que sobresale la ideología y enseñanzas cátaras; los templarios a través de un personaje que está vinculado a la tradición de los caballeros de Sión; los eclesiásticos, como Arnaud Amalric, a quien la historia atribuye la famosa frase durante el asedio cátaro a la ciudad de Béziers, “Matadlos a todos, que Dios ya reconocerá a los suyos”, o como Domingo de Guzmán, quien caminaba descalzo por los caminos predicando y no aceptaba ni la violencia ni otras armas que no fueran los buenos ejemplos; también la tradición judía de la Cábala, el reino de Septimania y la capacidad de creación de los golem, únicamente asequible para el poseedor de un gran poder espiritual; y finalmente, cómo no, aparece el simbolismo del Grial, tanto en la representación de la sangre real, como el uso de la misma para obtener la legitimidad del poder político y esotérico.

¿Cómo definirías a la novela?

La reina oculta es una novela épica –en tanto que se desarrolla en el contexto de una cruzada–, tiene un gran punto de intriga política y esotérica, y es histórica estrictamente cuando sigue a la Canción de la Cruzada, que es un documento histórico real. Pero por otra parte, la obra trata de emociones. Yo no he querido hacer un ensayo histórico sino que he puesto como narradora a una dama joven que habla de sus sentimientos cuando ve a su civilización brillante y a todo cuanto quería arrasado. Es una novela que visita los grandes iconos de la Edad Media bajo un sentido de “pico y aventura” todo el tiempo. Tanto por la acción, pues es de ritmo muy rápido y ágil, y por las emociones que despiertan los personajes, creo que he logrado lo que quería: enganchar al lector y que se divierta leyéndola.

¿Es difícil compaginar la dirección de empresas con la labor de escritor?

Tener la escritura como pasión y desarrollar en paralelo una actividad distinta que proporciona los recursos necesarios para sobrevivir tiene sus ventajas e inconvenientes. Un inconveniente obvio es la falta de motivación que da la necesidad; y la ventaja más evidente es la misma: no hay prisa.

Así cuando busco información para mis novelas tiendo a pasarme días investigando algo que al terminar la obra quizá no aporte más que una línea de texto, sólo por el placer de la curiosidad satisfecha.

David E. Sentinella

One thought on “Entrevista a Jorge Molist

    minera gonzalez said:
    April 19, 2009 at 5:22 am

    hermoso articulo

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