Los Templarios en Tierra Santa

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Los caballeros del Temple encarnaron por excelencia el espíritu que animó las cruzadas a Tierra Santa. Monjes ascéticos, guerreros implacables, grandes señores feudales y también banqueros: los templarios llegaron a ser todo esto a la vez durante los dos siglos que duró su presencia en Palestina. Dueños de una poderosa red de fortalezas, estuvieron presentes en Oriente hasta la caída de Acre, el último bastión de los cruzados.

¿Fueron los templarios unos guerreros soberbios, sedientos de riqueza y poder? ¿O más bien unos caballeros modélicos que se dedicaron al servicio y defensa de los peregrinos cristianos en Tierra Santa? Las fábulas y leyendas en torno a los templarios han dificultado el estudio de la Orden del Temple. Todo comenzó en 1095, cuando el papa Urbano II proclamó la Primera Cruzada, un llamamiento a los fieles cristianos para que tomaran las armas y liberaran Jerusalén del Islam. Así, en 1120, después de varios años de revuelta en Jerusalén, Hugo de Payns fundó —junto a ocho caballeros— la Orden del Temple. Balduino II, rey cristiano de Jerusalén, colocó bajo su protección a la Orden, cuyos nueve miembros estaban dispuestos a dar su vida para la defensa de los peregrinos. Los componentes de la Orden —con Hugo de Payns como primer maestre— pertenecían a la baja nobleza y eran señores de pequeños dominios. Lo que les caracterizaba más bien tenía que ver con los ideales: se comprometieron a llevar una vida monacal y prometieron al rey y el patriarca de Jerusalén cumplir los votos de pobreza, castidad y obediencia, además de entregarse por completo a la autoridad del papa. Pronto se convirtieron en la principal Orden de toda la cristiandad. Su primer batalla, en 1129, en la ciudad musulmana de Damasco, fue un rotundo fracaso, pero durante la Segunda Cruzada (1147-1149) ya destacaban con las armas, y el rey Luis VII de Francia les encargó el adiestramiento militar de su ejército. A mediados del siglo XII ya estaban asentados en Tierra Santa y su fortaleza en el combate creció paralela a la arrogancia y soberbia de algunos miembros de la Orden. Esta actitud intrépida provocó varias bajas, ya que además tenían prohibido retirarse o rendirse en medio de un combate. El caudillo musulmán Saladino puso contra las cuerdas al Temple. En la batalla conocida como “los Cuernos de Hattin” —un paraje dominado por dos cerros— los templarios sufrieron un duro revés: murieron 230 de los 250 caballeros que participaron en ella. El viernes 2 de octubre de 1187 Saladino entró victorioso y triunfante en Jerusalén. No obstante, a principios del siglo XIII la boyante economía europea permitió que el Temple se reforzase de nuevo. Tomaron cierta posesión de Tierra Santa durante unos años hasta que de nuevo, en la batalla de La Forbie perecieron 267 templarios —sólo se salvaron 33—. Fue el principio del fin de la presencia cristiana en Tierra Santa.

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Este mes la revista Historia de National Geographic en España publica un especial sobre los Templarios en Tierra Santa.