Paseando por el pueblo de los seis templos

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En la antaño conflictiva frontera entre Aragón y Navarra, Uncastillo fue el lugar elegido: los monumentos invadieron sus calles.

El primer encontronazo con Uncastillo raramente decepciona. Poco importa que lleguemos a él desde las accidentadas carreteras del norte, o que lo hagamos desde las llaneras vías del sur, la sensación es siempre la misma: esta villa es demasiado bella, demasiado auténtica como para pasar desapercibida.

La historia de Uncastillo no dista demasiado de la de otros tantos burgos castellanos. Allí hubo pugnas -primero contra musulmanes, luego contra los vecinos navarros-, paz y después gloria, mucha gloria. Ésta llegó en el siglo XII y sembró de arte románico este cruce de caminos en el que los ríos Riguel y Cadenas se dan la mano. El bondadoso paso del tiempo se encargó del resto y propició que Uncastillo, a día de hoy, luzca callejas, palacios y templos -hasta seis- con el mismo esplendor que en la Edad Media. Más que un conjunto de monumentos, la ciudad es un monumento en sí mismo en el que los rincones con solera, las ventanas geminadas y la misteriosa iconografía románica son la norma. Sirva de ejemplo el pórtico de la iglesia de Santa María la Mayor, templo madre y estandarte de uno de los mayores tesoros del pueblo. Es allí, en la portada meridional, donde los visitantes se agolpan para escrutar con la mirada las figurillas, las escenas bíblicas, los animales y las bestias que un transgresor cantero esculpió y donde podrán adivinar algún que otro guiño sexual.

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Los edificios románicos se suceden y amontonan en los diferentes barrios, cada uno con su propia seña de identidad: si San Juan destaca por sus magníficas vistas y las tumbas antropomórficas sobre las que se asienta; San Martín hace gala del centro de interpretación de arte religioso que alberga en su interior. De San Felices nos quedamos con los relieves de sus tímpanos y del paseo que habremos de dar para llegar hasta él: no hay mejor excusa para recorrer la calle de Larués, fisgar por la judería o dar vueltas por las rúas de Roncesvalles, Mediavilla y Barrionuevo.

El abandono de Uncastillo debe hacerse por la carretera que nos conduce a la vecina Sos del Rey Católico. No sólo por la obligada visita a esta otra ciudad tallada en piedra sino por dejarse caer por San Lorenzo, en las afueras de Uncastillo. En el lugar no hemos de buscar una iglesia pues no la encontraremos: de San Lorenzo apenas sobreviven unos muros y un pórtico con capiteles de traza monstruosa. No extrañará entonces su vinculación a los caballeros templarios, inquietante detalle final para este tesoro del medievo aragonés.

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GUÍA

CÓMO LLEGAR: Uncastillo pace entre Huesca y Pamplona, a poco más de 100 kilómetros al Norte de Zaragoza. Desde la capital maña, cogeremos la A-68 dirección Logroño hasta la salida 19, donde enlazaremos con la A-127 dirección Ejea de los Caballeros y Sádaba. En ésta nace la A-1202 que nos conducirá hasta Uncastillo.
DÓNDE DORMIR: Posada de Turismo Rural La Pastora (Roncesvalles, 1. Tfno. 976 67 94 99. Internet: http://www.lapastora.net). Casona típica, rehabilitada con exquisito gusto y atendida con mimo. Caserón El Remedio (San Felices, 31. Tfnos. 976 67 94 62 / 660 56 96 50. Internet: http://www.caseron-elremedio.com). Caserón recuperado para el turismo rural en el que el estilo rústico se combina con el moderno.

DÓNDE COMER: Hostería Uncastello (Plaza de la Villa, 24. Tfno: 976 67 91 05). Platos tradicionales aragoneses (migas, sopa de cocido, ternasco…).

MÁS INFORMACIÓN: Oficina de Turismo de Uncastillo, situada en la iglesia de San Martín (Tfno. 976 679 061) junto al Centro de Arte Religioso del Pirineo. Internet: http://www.ciderprepirineo.org / http://www.uncastillo.es). Cierra lunes y martes.

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Por Gontzal Largo; elmundo.es