Day: June 12, 2009

Miravet y los templarios

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A orillas del caudaloso Ebro, se levanta este pueblecito de la provincia de Tarragona, cuyas casas se asoman al cauce y proporcionan al viajero una imagen difícil de olvidar. ¿Te apetece conocerlo?

Pegado a la pared rocosa de la montaña, de la que sobresale su majestuoso castillo, se encuentra Miravet. Desde el Molí Salat, antiguo embarcadero, las casas del casco antiguo se colocan desafiando al Ebro. Pasado el Portal, principal puerta que daba acceso a la población, las casas se alinean entre el río y las rocas hasta encontrar la iglesia Vieja, con su plaza mirador. En el llano, saliendo del Arenal, donde yace la playa, el pueblo se estira hasta llegar al barrio del Raval o de los altareros.

Pero si hay algo por lo que destaque Miravet es por su fortaleza. No en vano protegió desde muy antiguo la entrada al desfiladero del mismo nombre. El castillo, que en su día fue atalaya musulmana, se muestra imponente en lo alto con una impresionante vista del río Ebro, conocido como el Riu, que por aquí forma un meandro de una hectárea y media de una increíble riqueza ornitológica.

Mirador sobre el río

El castillo, que es un excelente mirador sobre el río y la comarca, pertenece al románico cisterciense y está considerado como uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar templaria de Occidente.
Su relación con los templarios se remonta al 1153, cuando Ramón Berenguer, Rey de Aragón, les donó el castillo, así como numerosas posesiones de la ribera del Ebro.

Era la forma de agradecer a la orden su ayuda en la expulsión de los sarracenos de Miravet. El poder de los templarios llegó a ser tan grande, que Jaime II, Rey de Aragón, ordenó hacerlos prisioneros ciento cincuenta años después. Los monjes-caballeros resistieron durante un año el sitio del castillo por las tropas reales. Aquellos días se recuerdan cada año, a mediados de agosto, durante la Semana del Temple y Setge de Miravet, con la escenificación de los últimos días del asedio.

El Ebro, además de río fue camino, y por él bajaban las barcas rumbo al mar llevando frutos, aceite, vino o carbón y cruzando a la localidad de Rasquera. De las varias barcazas que hasta hace unos años se dedicaban al transpone de vehículos y personas por el Ebro sólo queda la de Miravet, construida con dos enormes barcas que llevan los nombres de «Isaac Peral» y «Monturiol».

A diez kilómetros de Rasquera queda Benifallet, famoso por sus cuevas con estalactitas (la mejores, Les Meravelles y Marigot) y su ermita románica de La Mare de Déu, con sarcófagos del siglo XIII. Imprescindible resulta también la visita a la localidad de El Pinell de Brai para contemplar su bodega cooperativa, llamada la «Catedral del vino», obra de César Marünell y Brunet, discípulo de Gaudí.
Otro lugar de la comarca que no se puede dejar de visitar es Tivissa. Una larga calle en cuesta conduce hasta la iglesia parroquial de Sant Jaume, y junto a ella, el mirador de la plaza de Baranova, desde donde se contempla una excelente panorámica. En las afueras de la población quedan las ruinas romanas de Aumedina, y a seis kilómetros, el poblado ibérico de Castellet de Banyoles, donde se encontró en 1928 el famoso tesoro de Tivissa.

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